✍️ Opinión | Revocatorias electorales: el síntoma de un sistema que no filtra a tiempo

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✍️ Opinión | Revocatorias electorales: el síntoma de un sistema que no filtra a tiempo
Por: Noe Tinjaca – El Intermediario

La revocatoria de inscripciones de candidaturas, como la que hoy enfrenta Renzo García para la Cámara de Representantes por el Tolima, no debería ser una escena normal del calendario electoral.

 Sin embargo, en Colombia se ha vuelto parte del paisaje político: primero se inscriben, luego se revisa si cumplen, y finalmente se corrige sobre la marcha.

Este orden invertido no es un simple error administrativo. Es el reflejo de una crisis más profunda: la debilidad de los partidos políticos para ejercer filtros reales, éticos y jurídicos sobre las personas que avalan.

Cuando una candidatura es respaldada por varias colectividades —en este caso Alianza Verde, Colombia Humana y Pacto Histórico— la responsabilidad no puede recaer únicamente en el aspirante. Existe una corresponsabilidad política de quienes otorgan el aval, negocian alianzas y arman listas con criterios más electorales que institucionales.

El Consejo Nacional Electoral cumple su función de control, y eso es positivo. Pero también es evidente que el CNE termina actuando como una especie de “último revisor” de errores que debieron detectarse mucho antes. Así, la autoridad electoral se ve obligada a intervenir en plena campaña, generando incertidumbre jurídica, reacomodos políticos y, sobre todo, más desconfianza ciudadana.

Porque el mensaje que recibe la gente es simple y peligroso: el sistema permite que cualquier candidatura avance hasta que alguien la demande. Y si nadie demanda, pasa. Ese no es un modelo de prevención, es un modelo de corrección tardía.

En regiones como el Tolima, donde la participación política ya enfrenta altos niveles de escepticismo, estos episodios refuerzan la percepción de que la política sigue siendo un terreno de improvisación, favores y pactos, más que de proyectos serios y reglas claras.
Para el Pacto Histórico, este caso también representa un desafío político y simbólico. 

No basta con enarbolar banderas de cambio si los mecanismos internos de selección no logran garantizar coherencia entre el discurso y la práctica. La ciudadanía no solo evalúa propuestas, también observa cómo se construyen las listas y qué tan rigurosos son los procesos internos.

La discusión de fondo no debería limitarse a si se revoca o no una candidatura específica. La pregunta clave es: ¿por qué seguimos llegando a este punto en cada elección? ¿Por qué el sistema insiste en corregir después, en lugar de prevenir antes?
Fortalecer la democracia no pasa únicamente por más sanciones, más demandas o más audiencias, sino por partidos más responsables, autoridades electorales con mayores capacidades preventivas y una ciudadanía que exija transparencia desde el inicio, no cuando el problema ya está en el tarjetón.

Mientras no cambiemos esa lógica, las revocatorias seguirán siendo noticia… y la confianza seguirá siendo la gran ausente en nuestras elecciones.

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