La curul que se nos escapó: lección de unidad para el progresismo
Acabo de cerrar un capítulo intenso y revelador, mi candidatura a la Cámara de Representantes por los colombianos en el exterior, junto a dos compañeros excepcionales, Marcela Martínez y Beto Coral.
Fue una campaña llena de energía, propuestas concretas para la diáspora y un compromiso genuino con una izquierda amplia y renovadora.
No logramos la curul. Los resultados oficiales confirman que ganó la derecha, específicamente el Centro Democrático (con más de 58.800 votos), en una circunscripción que superó los 220.000 votos válidos y registró una participación histórica entre los colombianos en el exterior. El Pacto Histórico quedó cerca, alrededor de 50.150 votos, pero la diferencia fue decisiva.
Más allá de los números fríos, este proceso deja un mensaje claro y doloroso para todo el progresismo colombiano: la unidad no es un lujo, es una necesidad imperiosa.
La brecha entre el Centro Democrático y el Pacto Histórico fue estrecha, de unos pocos miles de votos. Curiosamente, esa diferencia es del mismo orden o por lo menos, muy similar a los votos obtenidos por nuestro Frente Amplio Colombia en el Exterior.
Esos votos que representaban una opción unitaria, fresca y alejada de las polarizaciones internas, terminaron siendo clave. En una contienda con más de 40 candidaturas y 17 partidos compitiendo, la dispersión del voto progresista permitió a la derecha arrebatarnos la única curul internacional.
¿Por qué se dio esta fractura? Las malas prácticas en la escogencia de candidaturas por parte de la dirigencia de Colombia Humana y del Pacto Histórico jugaron un rol central. Se priorizaron lógicas de cuotas internas, control partidista y exclusiones, por encima del objetivo superior: defender con fuerza los derechos de millones de colombianos y colombianas que viven fuera del país. Se intentó la unidad hubo diálogos, propuestas de listas conjuntas y gestos de buena voluntad, pero no fue suficiente. Las divisiones alimentadas desde arriba terminaron costándonos la representación que tanto necesitamos en el Congreso.
Además, este proceso dejó en evidencia otra realidad dura de la política actual: las marcas partidistas pesan mucho más que los buenos discursos, los esfuerzos sostenidos y las propuestas concretas. Hoy en día, la gente pelea más por defender una marca política sea del gobierno o de la oposición, que por respaldar una idea o un proyecto que realmente beneficie a la diáspora.
Las lealtades se activan por el logo, el líder o la narrativa polarizada, antes que por el contenido o el mérito individual. Eso explica, en parte, por qué opciones independientes o unitarias, por buenas que sean, terminan fragmentadas y debilitadas frente a las maquinarias consolidadas.
Este resultado no es solo una derrota electoral; es una alerta roja. La circunscripción de colombianos en el exterior no es un detalle menor, es la voz de una diáspora diversa, que enfrenta problemas reales como la protección consular, el voto remoto efectivo, el retorno digno, la doble nacionalidad y el acceso a derechos básicos desde lejos. Perder esa curul significa que, por cuatro años más, esas voces progresistas quedarán silenciadas o representadas por visiones opuestas a las nuestras.
Sin embargo, de este proceso me llevo aprendizajes profundos y esperanzadores. El principal, nadie es pequeño ni grande cuando se trata de sumar. En una elección tan fragmentada, cada voto cuenta, cada esfuerzo suma y cada persona que se moviliza hace la diferencia. Nuestros votos no fueron “pocos”; fueron la prueba de que existe un electorado que anhela unidad, renovación y propuestas concretas más allá de las marcas tradicionales.
No nos arrepentimos de haberlo intentado. Al contrario, esta campaña visibilizó alternativas necesarias, demostró que hay espacio para una izquierda amplia y unitaria en la diáspora, y sembró semillas para el futuro. A Marcela y Beto, gracias infinitas por la compañía, la lealtad y la lucha compartida.
A quienes nos apoyaron con su voto, su tiempo, sus redes o su voz, sepan que no fue en vano. Cada aporte ayudó a construir conciencia y a mostrar que otro progresismo es posible.
Ahora comienza la campaña a la presidencia. Hay que ganar en primera vuelta. No podemos permitirnos repetir la dispersión ni las divisiones que nos costaron esta curul. La lección es clara, solo con unidad real de abajo hacia arriba, priorizando lo común sobre las marcas y las cuotas, lograremos movilizar al máximo el voto progresista y transformar el mapa político del país. Construyamos desde ya esa gran coalición amplia, inclusiva y renovadora que represente las aspiraciones de millones. Porque cuando el progresismo se une de verdad, no de palabra, sino de hechos, no solo se gana; se transforma.
La unidad no es un eslogan bonito. Es la condición mínima para ganar y, sobre todo, para representar dignamente a quienes más lo necesitan.
Hoy lamentablemente tenemos otro congresista en la camara pero segiuimos sin representación
A los equipos de trabajo, a Somos Migrantes y al Mais, toda mi gratitud.
Seguimos en la pelea, sumando. ¡Vamos por la presidencia en primera!
Gener Usuga.